A propósito de la pubertad: el salto
El viernes 10 de abril se realizó la presentación de un libro que escribí durante los últimos años: “A propósito de la pubertad: el salto”.
La pubertad es un llamado a un nuevo modo de gozar, que se hace oír en cuatro direcciones o dimensiones fundamentales: el campo de la palabra y el lenguaje, el registro de la sexualidad, el lazo con la muerte y el registro de lo político. Podría imaginarse como un nudo construido por el cruce de cuatro cuerdas heterogéneas; respecto a cada una de ellas, cada joven será interpelado, llamado a dar un salto. ¿A qué me refiero cuando digo la pubertad es un llamado a otro modo de gozar? Indico con esto que un placer nuevo busca agregarse y semejante novedad solicita un salto. Dicho de otro modo, se trata de una instancia lógica, y no cronológica, por la cual al goce fálico se agregará otro goce. Pero, ¿habrá salto?
A falta de un programa evolutivo rígido y de ritos iniciáticos solidificados, los púberes de hoy serán llevados a un número incierto de acantilados, y nada impide que el horror que viene del futuro prevalezca. En Argentina los llamamos pibas y pibes. El término hunde raíces en el portugués pivete y en el español pebete, y en algún lugar del libro llevará a pubis, y a pueblo.
El asunto reviste urgencia, pues atañe a su suerte. Dicen las duras cifras estadísticas, según la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) de la República Argentina, que el suicidio es la segunda causa de muerte en la franja que va de los 10 a los 19 años. En el grupo de 15 a 19 años, la tasa es de 12,7 suicidios cada 100.000 habitantes. Lo más alarmante, después de la pandemia por COVID-19, es que los jóvenes y los adolescentes se convirtieron en el grupo etario más afectado en este campo, desplazando incluso a los adultos mayores.
Todo lo cual se corresponde, entiendo yo, con el restablecimiento de un espacio de interlocución renovado para los que nos ocupamos en distintos modos de la locura, el hospital y el psicoanálisis. Y la pubertad.
Los tiempos son escasos, las demandas urgen, los momentos de concluir acechan y en psicoanálisis la prisa importa; después de Freud, no es creíble el mito de la eternidad. Algo que se advierte en la guardia de cualquier servicio de Salud Mental: allí la prisa tiñe el acto.
Y bien, ¿qué les espera a esos pibes? Un porvenir político, las derivas sexuadas que aguardan por una posición y que cohabitan con la reiterada puesta en cuestión del binarismo biologicista, un obrar respecto de la lengua y otro respecto de la muerte. Con el instrumento de corte que el psicoanálisis presta al mundo y su facultad de introducir demora (tiempo) en otra escena (espacio), subsiste una labor que aguarda por el animal hablante reciente que, para colmo, cíclicamente reitera su tonteo con el fascismo.
Del coqueteo a la tragedia podría no haber sino otro salto, pero no parecieran advertirlo esos cautivos de la IA, el chatGPT, IG, WhatsApp, YouTube, Tik Tok, Play Station y demás apuestas, juegos y porno online. ¿Volverían más provechosa esa omnipresencia si espiaran los primeros minutos de Saló, pieza espeluznante de Pasolini (1975)? Lo que los regímenes totalitarios tienen previsto hacer con los adolescentes ‒alerta spoilers‒ los pondrían sobre aviso, por ejemplo, a la hora del sufragio.
Recorro la hipótesis planteada a través de recortes de mi práctica como psicoanalista, el análisis de piezas cinematográficas y fragmentos de la literatura. Lo hago bajo la forma de ensayos breves y clases dictadas en diversas instituciones, en diálogo con la obra de Freud y de Lacan, con el fin de localizar ideas, nociones, preguntas que orienten un recorrido a propósito de la pubertad.
El carácter testimonial del libro apunta a un lugar: ahí donde se encuentran los analistas en formación, es decir, los analistas —y todo aquél que esté dispuesto a dialogar con el psicoanálisis— para pensar las condiciones de un tratamiento posible en estos dominios. En especial cuando las consultas revelan la dificultad de un joven ante el despertar de alguna de esas cuatro dimensiones y ser llamados, por tanto, a dar el salto.
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Darío Gigena

